Apología de la mentira. 2

El enemigo nos maltrata. El enemigo nos hace daño. El enemigo nos explota.  El enemigo nos ignora.
El enemigo ordena. El enemigo estipula. El enemigo legisla. El enemigo enjuicia. El enemigo controla.
La estructura es el enemigo. La clase es el enemigo. El orden es el enemigo. La seguridad es el enemigo. La educación es el enemigo.
Lo opuesto es el enemigo. Lo otro es el enemigo.

Resúmenes de la grandilocuencia que oculta lo que no entendemos. Todavía.
Lo opuesto, lo otro es el enemigo. Conceptos que, en muchos casos, ni siquiera tienen agencia.
¡La lucha debe sobrevivir! ¿Qué lucha? La necesaria para encerrar la idea de ‘enemigo’. La necesaria para remover la estructura, no cambiarla.

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Ella es

Ella fue lo que él es
ahora.
Marcados.
Raspados.
Niños que aun tienen
mucho
que aprender.

Ella es otra,
ahora.
A su pesar, aprendió
como todos:
mal.

Maduró y se volvió,
casi por definición, triste.
Sus ojos, antes coloridos,
ahora reflejan
sin filtros, saturación ni temperatura.

Pero ella sigue siendo,
sigue estando,
sigue riendo.
Ella es lo que él fue
antes.

Querido yo del futuro:

Estos meses has estado pasando por una serie de contratiempos que tal vez te hayan hecho pensar la dirección en la que te estás dirigiendo. Te has cuestionado la futilidad de tus decisiones, así como lo que te pueden deparar.

Que sepas que no ha sido la primera vez y tampoco será la última. Súfrelo todo lo que quieras, porque no es un momento especial y no va a cambiar nada el que creas que necesitas ayuda, apoyo o un oído amigo. Así que regodéate en tu nihilismo empedernido, en tu tristeza y en tus ganas de emborracharte, drogarte o hacer que te metan una paliza. Ingenuo tú. No lo harás, no seas un romántico. Nunca lo haces. Así que eso, sé un nihilista.

Pero madúralo. Destílalo. Vuélvelo tan real que ya no te importe nada en absoluto. Esa es la forma en la que tu nihilismo te hará feliz. Excepto cuando estés escribiendo y no te funcione una tecla del teclado. Eso es terrible.

Apología de la mentira

Definir es encerrar una idea.

Poca gente hay más poderosa que la capaz de encerrar una idea y de que todo el mundo la haga propia. Aunque sea absolutamente estúpida y descabellada. Por ejemplo, “es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, o es que “brotes verdes”, o es que “emprendedor”.

Mentir nos ayuda a todos. Quien no lo haya hecho alguna vez, miente. Tuve una vez una pareja que decía que ella nunca mentía y que por lo tanto esperaba lo mismo de mí. Pensando por qué acabó la cosa siempre pienso que fue porque ella era sincera al decir eso. Aunque también me decía que no me aguantaba.

La mentira es una de las herramientas comunicativas más útiles hoy en día. Y no estoy seguro de que haya una tan mal vista. Algo tendrá, es como una droga. De las buenas. De esas que si tienen efectos adversos solo te enteras 40 años más tarde, cuando no te quedan dientes ni pelo y te falta un riñón. Solo cuando te enteras de la verdad vienen las putadas. Así que algo malo ha de tener la verdad.

¿A quién le gusta? ¿Cuántas personas son felices con ella? Desdentados, sin pelo y a punto de tener que recibir otro hígado porque la droga es demasiado fuerte. Mientras, al tomarla todo es maravilloso, el mundo es otro y tú tienes alas y vives en un mundo de colores y fantasía.

El uso de la mentira se ha perfeccionado tanto que se ha vuelto uno de los negocios más importantes existen. Hasta el negocio de las verdades, el periodismo, tontea con ella. Si es que a cogerla y hacerle el amor hasta caer exhausto se le pueda llamar tontear.

Cuando te das cuenta de que si mientes la gente cree que dices la verdad y cuando dices la verdad la gente cree que mientes, es que joder, tienes la capacidad de encerrar una idea. O eso o es que eres un puto mentiroso.

Fuertes manos unidas.

Cuando sujetas fuerte una mano, no debe desvanecerse. Ligar dos palmas significa necesitar que estén unidas. Podemos decir “buenos días” y estrecharnos las manos, pero siempre habrá un hueco en el medio que deje correr el aire y separar nuestros cuerpos. Simplemente, no hacerlos uno. En cambio, si ese hueco no existe, si desaparece, la dependencia creada en el vacío se acentúa a cada segundo, hasta convertirse en una necesidad cuya carencia mata. Mata la distancia, mata el celo, mata la falta, al fin y al cabo. Gana un sentido vital, una posición trascendente que va más allá de cualquier postura que otra mano con la tuya encaje.

Un fumador renegará de su cigarrillo porque perjudica su salud; se cuidará de no cogerlo en la mano, para no caer en la tentación; pronunciará el verbo “fumar” en imperfecto; cambiará de amistades si es necesario… Pero continuará siguiendo el rastro que el humo deje por la calle, si delante va alguien que fuma; o en una cafetería, si en la mesa de al lado alguien fuma mientras lee el periódico.

Una vez lo has probado, no puedes vivir sin tu cigarrillo. El filtro llega a darte igual, lo que importa es que la nicotina siga siendo de la misma calidad y siga dispuesta a exhalarse en tus pulmones y permanecer ahí, cuando la necesitas. Lo que importa es que ninguna crisis haya conseguido dar cierre a la fábrica que producía tu marca única, de la cual estás preso, ya de por vida… Lo que importa realmente es ocuparte los labios y los dedos y darte cuenta de que ese cigarrillo realmente encaja entre tu índice y tu corazón como ningún otro.