Prosa en fascículos 2. Ella.

-Te amo, niña.
-¿Cómo?
-¿Hasta el infinito no es exagerar?
Mucho,
con los dedos,
con los ojos,
con el olfato,
con los oídos…
Con toda mi piel, mis nervios, mis venas y mis músculos.
Cada uno de los órganos que reciben información de ti se alegran.
-¿?
-¿Qué?
-¿Qué órganos se alegran?
¿Tus dedos, tus ojos…?
-Todos los que pueden recibir información.
Mis ojos, sí,
mis oídos, también.
Toda mi piel.
-¿Tus oídos?
-Mi olfato. Sí.
-Josúsh.
-¿Qué pasa?
-Nada. Que me hace gracia que se alegren tus oídos por recibir ondas procedentes de mi caja torácica.
-Aunque suenes tan aguda, ya ves. A mí también me parece curioso.
-No soy tan aguda. YO te juro, en serio, que me oigo grave.

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