A pedir perdón
nadie se muerte la lengua.
Cargamos con fuerza
una maleta de manos lamentadas.
Dígase vacío,
dígase nada,
díganse labios anudados.

Las cenizas del tiempo
y el oxidante necesario
sedimentan las cicatrices de la arena
obviando heridas y doliendo miradas.

Tiempo perdido y palabras.
Sobre todo palabras.

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