La presa. 1

Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacerías seguirán glorificando al cazador. Eduardo Galeano, El libro de los abrazos.

El calor de la carne abierta produce vaho en contacto con el aire frío. El amasijo de músculos, sangrantes y en tensión, arrastra las heridas por el suelo empedrado, haciendo que estas se abran todavía más. El ambiente se carga de un olor férreo insoportable.
Para la presa.
A quien apresa le deleita, le excita, le guía. El olor sanguíneo llega directo al paladar, avanzando lo que será el deleite de la noche.

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