Querido yo del futuro:

Estos meses has estado pasando por una serie de contratiempos que tal vez te hayan hecho pensar la dirección en la que te estás dirigiendo. Te has cuestionado la futilidad de tus decisiones, así como lo que te pueden deparar.

Que sepas que no ha sido la primera vez y tampoco será la última. Súfrelo todo lo que quieras, porque no es un momento especial y no va a cambiar nada el que creas que necesitas ayuda, apoyo o un oído amigo. Así que regodéate en tu nihilismo empedernido, en tu tristeza y en tus ganas de emborracharte, drogarte o hacer que te metan una paliza. Ingenuo tú. No lo harás, no seas un romántico. Nunca lo haces. Así que eso, sé un nihilista.

Pero madúralo. Destílalo. Vuélvelo tan real que ya no te importe nada en absoluto. Esa es la forma en la que tu nihilismo te hará feliz. Excepto cuando estés escribiendo y no te funcione una tecla del teclado. Eso es terrible.

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Carta de un triste a una orgullosa 2

Recopilación de innecesarios. Esta carta fue escrita el 10/01/2016. Publicada, no enviada.

Buenos días;

Hoy hace ya unos quince días que tomé una decisión. Puede que no fuese la más importante (al fin y al cabo esa fue, de momento, la que me llevó a hacerte desaparecer) pero sí fue una que requiere mucho de mi espíritu y mi fuerza de voluntad. La verdad, ni sabía entonces ni sé ahora cómo dar lo que va a exigir de mí este problema. Pero por lo menos sé que las palabras no van a ser malgastadas.

Carta de un triste a una orgullosa 1

Recopilación de innecesarios. Esta carta fue escrita el 18/11/2014. No enviada. Sí publicada.

Te añoro.

Sí. Te echo de menos.

Aun te siento en toda mi necesidad.

Necesito volver a sentirte entre mis brazos.

Sentir tu risa.

Necesito sentir que aun nos tenemos, aunque solo sea para darme cuenta de lo equivocado que estaría sintiendo(te).

Aunque solo sea para demostrarte que entonces no estaba equivocado. Te amaba y aun te amo.

Y yo tenía razón, aunque discrepes como siempre.

Espero que tú hayas tenido la suerte de que yo tuviera razón

De que tú a mí no. Yo la he tenido sobre mí, por lo menos.

Entiende que todos mis minutos son tus segundos.

¡Hasta el Nestea me recuerda a ti!

¿Por cierto, a que no sabes dónde he vuelto hoy?

Allí donde solíamos gritar.