Virus

Algo tan común como… Un ser humano, puede ser muy importante. Necesario. Vital. Tan diagnosticable como una solución a todos los problemas. Y aun asi, vírico.
El ser humano acepta a la perfección la analogía médica. Enfermedad y, a su vez, medicina a todos los problemas. Droga y adicción. Mono y convalecencia.
Bah. A quién quiero engañar. No hay mentira posible. Solo me enfermas.
Destrozas todas mis defensas. Aun habiéndome deshecho del virus, sigue siendo necesaria mi medicina. Deshaciendo poco a poco mi salud, como si esta fuera una piedra y la necesidad, milenios.
Miles de caras, de situaciones, de oportunidades y solo una en concreto es la que lleva a la enfermedad. Solo una es la que hace a la especie humana débil, propensa a la muerte por contagio.
Solo una es la vez que se muere.
El resto son solo pequeños intentos de suicidio.

“Le voy a contar una revelación que he tenido en el tiempo que llevo aquí. Esta me sobrevino cuando intenté clasificar su especie. Me di cuenta de que en realidad no son mamíferos. Verá los mamíferos logran un equilibrio perfecto entre ellos y el hábitat que les rodea. Pero los humanos van a un hábitat y se multiplican hasta que ya no quedan más recursos y tienen que marcharse a otra zona. Hay un organismo que hace exactamente lo mismo que el humano. ¿Sabe cuál es? Un virus, sí, los humanos son un virus, son el cáncer de este planeta y nosotros somos esa cura” 

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Prosa en fascículos. 1

Porque ninguna buena historia comienza con “estaba yo comiendo una ensalada…”

Como todas las buenas historias, esta comienza con un poco de alcohol y tal vez alguna substancia psicotrópica más. Los protagonistas, que no son conscientes de lo anecdótico de sus vidas, se encuentran en un pequeño bar de una pequeña ciudad. Dichos individuos comparten un grupo de amigos, que en esta ocasión es más grande que pequeño. Este par de humanos, en un vano intento por no parecer demasiado tontos o demasiado borrachos, ocupan su primera vigilia discutiendo sobre la futilidad de la vida, lo vano de la existencia y, de vez en cuando, en si hay “huevos o no para entrarle a esa morena”.

-Tío, estoy harto de venir a este maldito sitio. El alcohol lo sirven en vasos que huelen a vómito, las mujeres están todas pilladas y la música siempre está demasiado alta… Y lo peor de todo es que tras años de venir aquí, todavía no sabemos de qué maldito material está hecho el suelo. Sabes que un local te vuelve un alcohólico cuando ni siquiera eres capaz de recordar si bajo tus pies hay piedra o madera. Este sitio nos está volviendo unos alcohólicos, yo os lo aseguro. Y este mamón, a nuestra cuenta, ¿verdad Raspberry?.
-Bah, no seas agonías, Pi. Siempre dices lo mismo y después te calientas y ya es todo alegría, diversión y risas. Y borracheras también, pero una vez estás contentillo no parece que eso te preocupe.
-¡Y además, tampoco hay hombres libres y no me ves aquí quejándome!
-Eh, eh. ¿Cómo que no hay hombres libres? ¡Si prácticamente todo este grupo está formado por solteros menos un par de engendros! Yo te hacía un favor si quisieras.
-He dicho hombres por algo, Pi.

 

 

El amor mata al amor

el amor mata al amor
al ser tan grande que no se ve.
respiras éxtasis enamorado
pero sigue siendo poco.

matar al amor por una mala convicción.
extinguirlo, a pesar de que lo único que quieras es
avivarlo

como un fuego al que no paras de echar leña
de pino
y lo único que deseas es seguir sintiendo su calor
casi extinto.

sopla! aviva!
busca más pino.
pero no pases frío.