Hence my soul

La tierra tira
y duele.
Duerme
la gravedad
aun siendo
la caminante más vieja.
Corre la gravedad
aunque el barro
entorpezca su camino.

Su felicidad es guerra.
Trincheras, fango y metralla;
sangre, decepción y malas decisiones.
Siempre
grandes palabras
vacías.

Esclava de tanto,
de noches y risas,
de cantos y pedazos
de ti,
de mí,
de todos nosotros.

Pelea,
mancha su sangre
y lamenta muertos al camino.
Está tan jodidamente sola
y muda.

Maestra

Qué diferencia entre carne y mente.
Flesh.
Te agonizo de memoria
ni ángel ni demonio,
solo recuerdos testarudos,
incapaces de huir de mí.
Materializados en ti,
toda tú.

Larga como eres,
flaca como estás:
toda armazón
y por encima
suenas hueca.
Triste sordera:
tu silencio
no para de sonar.

En fin,
todo banalidades, maestra.
De geografías y mares,
noches y estrellas,
risas y cantos.
Maestra de beber,
te encanta el lúpulo
y lo contagias.
Maestra
de español, gallego, italiano, inglés, chino
y otras lenguas
que solo me gustan si tú me las enseñas.
Maestra de tantas cosas
que son
y deben ser.
De exclamaciones interminables,
de infinitos amores de una tarde
y de todo lo demás.

“-¡Nada de inflamaciones hoy!
– ¡Lo siento! Me olvido del protocolo contigo.”
Maestra de películas
acabadas,
masajes sin final feliz,
y besos aterrados.
Maestra,
al fin,
maestra,
al comienzo.