Fuertes manos unidas.

Cuando sujetas fuerte una mano, no debe desvanecerse. Ligar dos palmas significa necesitar que estén unidas. Podemos decir “buenos días” y estrecharnos las manos, pero siempre habrá un hueco en el medio que deje correr el aire y separar nuestros cuerpos. Simplemente, no hacerlos uno. En cambio, si ese hueco no existe, si desaparece, la dependencia creada en el vacío se acentúa a cada segundo, hasta convertirse en una necesidad cuya carencia mata. Mata la distancia, mata el celo, mata la falta, al fin y al cabo. Gana un sentido vital, una posición trascendente que va más allá de cualquier postura que otra mano con la tuya encaje.

Un fumador renegará de su cigarrillo porque perjudica su salud; se cuidará de no cogerlo en la mano, para no caer en la tentación; pronunciará el verbo “fumar” en imperfecto; cambiará de amistades si es necesario… Pero continuará siguiendo el rastro que el humo deje por la calle, si delante va alguien que fuma; o en una cafetería, si en la mesa de al lado alguien fuma mientras lee el periódico.

Una vez lo has probado, no puedes vivir sin tu cigarrillo. El filtro llega a darte igual, lo que importa es que la nicotina siga siendo de la misma calidad y siga dispuesta a exhalarse en tus pulmones y permanecer ahí, cuando la necesitas. Lo que importa es que ninguna crisis haya conseguido dar cierre a la fábrica que producía tu marca única, de la cual estás preso, ya de por vida… Lo que importa realmente es ocuparte los labios y los dedos y darte cuenta de que ese cigarrillo realmente encaja entre tu índice y tu corazón como ningún otro.

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Prosa en fascículos 2. Ella.

-Te amo, niña.
-¿Cómo?
-¿Hasta el infinito no es exagerar?
Mucho,
con los dedos,
con los ojos,
con el olfato,
con los oídos…
Con toda mi piel, mis nervios, mis venas y mis músculos.
Cada uno de los órganos que reciben información de ti se alegran.
-¿?
-¿Qué?
-¿Qué órganos se alegran?
¿Tus dedos, tus ojos…?
-Todos los que pueden recibir información.
Mis ojos, sí,
mis oídos, también.
Toda mi piel.
-¿Tus oídos?
-Mi olfato. Sí.
-Josúsh.
-¿Qué pasa?
-Nada. Que me hace gracia que se alegren tus oídos por recibir ondas procedentes de mi caja torácica.
-Aunque suenes tan aguda, ya ves. A mí también me parece curioso.
-No soy tan aguda. YO te juro, en serio, que me oigo grave.

Carta de un triste a una orgullosa 2

Recopilación de innecesarios. Esta carta fue escrita el 10/01/2016. Publicada, no enviada.

Buenos días;

Hoy hace ya unos quince días que tomé una decisión. Puede que no fuese la más importante (al fin y al cabo esa fue, de momento, la que me llevó a hacerte desaparecer) pero sí fue una que requiere mucho de mi espíritu y mi fuerza de voluntad. La verdad, ni sabía entonces ni sé ahora cómo dar lo que va a exigir de mí este problema. Pero por lo menos sé que las palabras no van a ser malgastadas.

Carta de un triste a una orgullosa 1

Recopilación de innecesarios. Esta carta fue escrita el 18/11/2014. No enviada. Sí publicada.

Te añoro.

Sí. Te echo de menos.

Aun te siento en toda mi necesidad.

Necesito volver a sentirte entre mis brazos.

Sentir tu risa.

Necesito sentir que aun nos tenemos, aunque solo sea para darme cuenta de lo equivocado que estaría sintiendo(te).

Aunque solo sea para demostrarte que entonces no estaba equivocado. Te amaba y aun te amo.

Y yo tenía razón, aunque discrepes como siempre.

Espero que tú hayas tenido la suerte de que yo tuviera razón

De que tú a mí no. Yo la he tenido sobre mí, por lo menos.

Entiende que todos mis minutos son tus segundos.

¡Hasta el Nestea me recuerda a ti!

¿Por cierto, a que no sabes dónde he vuelto hoy?

Allí donde solíamos gritar.