Tanta patria

Celebro as túas explanadas
e os teus amenceres.
Celebro a túa mar
e a próxima area.
Celebro as túas costas
e os teus picos.

Celebro as túas árbores
mais non as importadas.
Celebro a túa lingua
mais non a quen a fala.
Celébrote a ti
mais non aos teus.

Non celebro a quen te vive
pois é quen te está a matar.

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Stranded

Hay una canción que dice que “sin ti esta playa está sin mar“. Esta entrada que escribo llevaba “varada” mucho tiempo, esperando a ser poema. De hecho, el poema empezaba con un “Varado aquí, en el ruido profundo…”. Como si de repente no fuese capaz de volver a entrar en el mar.
Pero no, del mar uno no sale nunca. Es imposible atascarse. Aun siendo la canción preciosa, no se aplica.

Sin ti esta playa está sin arena me suena mejor.

 

Habrá que ver si debajo de lo que era arena hay pedregales. Sobrevivir a flote sin un pie que apoyar es muy duro.

Ni volcanes ni tormentas…

Arena fina,
te deslizas
entre las palmas de mis manos.
Incluso ahora,
no puedo tenerte
rencor.

Con todo,
permaneces.
Dedos,
uñas…
piel
repleta,
saturada de ti.

Con todo,
no te vas.
Permaneces
aunque me sacuda de ti.
Permaneces
aunque te extirpe de mí.

Arena cálida,
de la que no quiero sacudir
ni extirpar.
Arena,
de la que quiero
bajo mis pies,
en mis manos
y mi pelo.

Arena eres
por permanecer,
aunque mis manos
no
te
retengan.

Ella es

Ella fue lo que él es
ahora.
Marcados.
Raspados.
Niños que aun tienen
mucho
que aprender.

Ella es otra,
ahora.
A su pesar, aprendió
como todos:
mal.

Maduró y se volvió,
casi por definición, triste.
Sus ojos, antes coloridos,
ahora reflejan
sin filtros, saturación ni temperatura.

Pero ella sigue siendo,
sigue estando,
sigue riendo.
Ella es lo que él fue
antes.