Ni volcanes ni tormentas…

Arena fina,
te deslizas
entre las palmas de mis manos.
Incluso ahora,
no puedo tenerte
rencor.

Con todo,
permaneces.
Dedos,
uñas…
piel
repleta,
saturada de ti.

Con todo,
no te vas.
Permaneces
aunque me sacuda de ti.
Permaneces
aunque te extirpe de mí.

Arena cálida,
de la que no quiero sacudir
ni extirpar.
Arena,
de la que quiero
bajo mis pies,
en mis manos
y mi pelo.

Arena eres
por permanecer,
aunque mis manos
no
te
retengan.

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Ella es

Ella fue lo que él es
ahora.
Marcados.
Raspados.
Niños que aun tienen
mucho
que aprender.

Ella es otra,
ahora.
A su pesar, aprendió
como todos:
mal.

Maduró y se volvió,
casi por definición, triste.
Sus ojos, antes coloridos,
ahora reflejan
sin filtros, saturación ni temperatura.

Pero ella sigue siendo,
sigue estando,
sigue riendo.
Ella es lo que él fue
antes.

Miudiña

En el idioma de las lágrimas,
tus ojos hablan de primaveras;
gritan pérdidas ancianas
y exigen respeto.

Ese que no duele
si se le falta,
y que destroza
si se demuestra.

Lo siento,
te tengo un hambre
que paso de protocolos;
nunca fui de usar sombrero mientras comía.

Tú dices que no,
“pueden vernos”
Qué rabia me das
con tu precaución
infinita.

 

Incluso la noche comparte su luz

Luz
hecha pedazos.
Pedazos de luz
esparcidos en negativo
en tu cuerpo.

Luz infinitesimal,
una luz de luciérnagas
testarudas.
Testimonios de que la luz
se puede oír
en tu pecho,
de que se puede oler
en tu cabello,
de que se puede saborear
en tus labios
y acariciar
en tus piernas.

Luz encarcelada en tu inevitabilidad,
hecha pedazos en ti,
yo la completo.

Egoísta

Incluso la noche
comparte su luz
siendo tan egoísta,
¿por qué tú no compartes
tus palabras?

Aun mantengo el 1472
solo porque te gustaba
su estructura
¿te acuerdas?

¿Te acuerdas también
de la celulosa
hecha amor?
Es verdad que ha pasado
mucho tiempo
y algún que otro arreglo.

Pero sobrevive
tan firme
como las palabras
que torturan los estratos.
¿O es que
pensabas que no sería capaz?