Miudiña

En el idioma de las lágrimas,
tus ojos hablan de primaveras;
gritan pérdidas ancianas
y exigen respeto.

Ese que no duele
si se le falta,
y que destroza
si se demuestra.

Lo siento,
te tengo un hambre
que paso de protocolos;
nunca fui de usar sombrero mientras comía.

Tú dices que no,
“pueden vernos”
Qué rabia me das
con tu precaución
infinita.

 

Incluso la noche comparte su luz

Luz
hecha pedazos.
Pedazos de luz
esparcidos en negativo
en tu cuerpo.

Luz infinitesimal,
una luz de luciérnagas
testarudas.
Testimonios de que la luz
se puede oír
en tu pecho,
de que se puede oler
en tu cabello,
de que se puede saborear
en tus labios
y acariciar
en tus piernas.

Luz encarcelada en tu inevitabilidad,
hecha pedazos en ti,
yo la completo.

Egoísta

Incluso la noche
comparte su luz
siendo tan egoísta,
¿por qué tú no compartes
tus palabras?

Aun mantengo el 1472
solo porque te gustaba
su estructura
¿te acuerdas?

¿Te acuerdas también
de la celulosa
hecha amor?
Es verdad que ha pasado
mucho tiempo
y algún que otro arreglo.

Pero sobrevive
tan firme
como las palabras
que torturan los estratos.
¿O es que
pensabas que no sería capaz?

Hence my soul

La tierra tira
y duele.
Duerme
la gravedad
aun siendo
la caminante más vieja.
Corre la gravedad
aunque el barro
entorpezca su camino.

Su felicidad es guerra.
Trincheras, fango y metralla;
sangre, decepción y malas decisiones.
Siempre
grandes palabras
vacías.

Esclava de tanto,
de noches y risas,
de cantos y pedazos
de ti,
de mí,
de todos nosotros.

Pelea,
mancha su sangre
y lamenta muertos al camino.
Está tan jodidamente sola
y muda.

Maestra

Qué diferencia entre carne y mente.
Flesh.
Te agonizo de memoria
ni ángel ni demonio,
solo recuerdos testarudos,
incapaces de huir de mí.
Materializados en ti,
toda tú.

Larga como eres,
flaca como estás:
toda armazón
y por encima
suenas hueca.
Triste sordera:
tu silencio
no para de sonar.

En fin,
todo banalidades, maestra.
De geografías y mares,
noches y estrellas,
risas y cantos.
Maestra de beber,
te encanta el lúpulo
y lo contagias.
Maestra
de español, gallego, italiano, inglés, chino
y otras lenguas
que solo me gustan si tú me las enseñas.
Maestra de tantas cosas
que son
y deben ser.
De exclamaciones interminables,
de infinitos amores de una tarde
y de todo lo demás.

“-¡Nada de inflamaciones hoy!
– ¡Lo siento! Me olvido del protocolo contigo.”
Maestra de películas
acabadas,
masajes sin final feliz,
y besos aterrados.
Maestra,
al fin,
maestra,
al comienzo.