Miudiña

En el idioma de las lágrimas,
tus ojos hablan de primaveras;
gritan pérdidas ancianas
y exigen respeto.

Ese que no duele
si se le falta,
y que destroza
si se demuestra.

Lo siento,
te tengo un hambre
que paso de protocolos;
nunca fui de usar sombrero mientras comía.

Tú dices que no,
“pueden vernos”
Qué rabia me das
con tu precaución
infinita.

 

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El escritor

El escritor se vio envuelto en un calor que nunca habría esperado.

No era su costumbre escribir sobre nada en concreto. Más bien siempre le había gustado escribir banalidades; él lo llamaba “realismo rutinario”. Sus novelas casi se podían llegar a considerar diarios. Es por esto que, en realidad, solo llegó a escribir una saga. Estaba repartida en miles de tomos, dado que las escribía a mano en libretas pequeñitas pequeñitas, con apenas cien carillas.

Hay que admitir que tiene mucho mérito la supervivencia primera de este escritor, dado que no tuvo a lo largo de su vida más trabajo que el de escribir. Sus primeras publicaciones no fueron del todo conocidas en un principio, aunque sí recibieron buenas críticas. A sus profesores les parecía fantástica la prosa de su alumno, que describía con pleno detalle su paso por la vida. Detalles como si le echaba sal o pimienta a la ensalada, si se ponía primero el calcetín derecho o el izquierdo o cómo dudaba al ponerse una camisa blanca o una camiseta negra, estaban descritos con una profundidad que incluso parecían plasmados en el mismo momento de la duda.

Aun siendo la profundidad siempre una constante, la creatividad no abandonó nunca al escritor, lo cual es un hecho particular puesto que la escritura siempre consistía en la descripción de la realidad más cruda, maloliente o sabrosa. En su caso sería imposible decir que el autoplagio o la repetición de estructuras existiese. Cada día estaba descrito de una forma distinta, así como cada día lo vivía de una manera totalmente diferente. Puede que ese fuese el secreto de su éxito. A pesar de que su obra consistiese en lo mismo siempre, la experiencia añadida del día anterior modificaba por completo la experiencia descrita en la última página.

Puede que sea por ello que una gran masa de admiradores lo arropó de forma incondicional cuando decidió dejar la pluma de forma involuntaria. Montones y montones de personas asistieron al funeral.

Incluso la noche comparte su luz

Luz
hecha pedazos.
Pedazos de luz
esparcidos en negativo
en tu cuerpo.

Luz infinitesimal,
una luz de luciérnagas
testarudas.
Testimonios de que la luz
se puede oír
en tu pecho,
de que se puede oler
en tu cabello,
de que se puede saborear
en tus labios
y acariciar
en tus piernas.

Luz encarcelada en tu inevitabilidad,
hecha pedazos en ti,
yo la completo.

Egoísta

Incluso la noche
comparte su luz
siendo tan egoísta,
¿por qué tú no compartes
tus palabras?

Aun mantengo el 1472
solo porque te gustaba
su estructura
¿te acuerdas?

¿Te acuerdas también
de la celulosa
hecha amor?
Es verdad que ha pasado
mucho tiempo
y algún que otro arreglo.

Pero sobrevive
tan firme
como las palabras
que torturan los estratos.
¿O es que
pensabas que no sería capaz?

Hence my soul

La tierra tira
y duele.
Duerme
la gravedad
aun siendo
la caminante más vieja.
Corre la gravedad
aunque el barro
entorpezca su camino.

Su felicidad es guerra.
Trincheras, fango y metralla;
sangre, decepción y malas decisiones.
Siempre
grandes palabras
vacías.

Esclava de tanto,
de noches y risas,
de cantos y pedazos
de ti,
de mí,
de todos nosotros.

Pelea,
mancha su sangre
y lamenta muertos al camino.
Está tan jodidamente sola
y muda.