Querido yo del futuro:

Estos meses has estado pasando por una serie de contratiempos que tal vez te hayan hecho pensar la dirección en la que te estás dirigiendo. Te has cuestionado la futilidad de tus decisiones, así como lo que te pueden deparar.

Que sepas que no ha sido la primera vez y tampoco será la última. Súfrelo todo lo que quieras, porque no es un momento especial y no va a cambiar nada el que creas que necesitas ayuda, apoyo o un oído amigo. Así que regodéate en tu nihilismo empedernido, en tu tristeza y en tus ganas de emborracharte, drogarte o hacer que te metan una paliza. Ingenuo tú. No lo harás, no seas un romántico. Nunca lo haces. Así que eso, sé un nihilista.

Pero madúralo. Destílalo. Vuélvelo tan real que ya no te importe nada en absoluto. Esa es la forma en la que tu nihilismo te hará feliz. Excepto cuando estés escribiendo y no te funcione una tecla del teclado. Eso es terrible.

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Fuertes manos unidas.

Cuando sujetas fuerte una mano, no debe desvanecerse. Ligar dos palmas significa necesitar que estén unidas. Podemos decir “buenos días” y estrecharnos las manos, pero siempre habrá un hueco en el medio que deje correr el aire y separar nuestros cuerpos. Simplemente, no hacerlos uno. En cambio, si ese hueco no existe, si desaparece, la dependencia creada en el vacío se acentúa a cada segundo, hasta convertirse en una necesidad cuya carencia mata. Mata la distancia, mata el celo, mata la falta, al fin y al cabo. Gana un sentido vital, una posición trascendente que va más allá de cualquier postura que otra mano con la tuya encaje.

Un fumador renegará de su cigarrillo porque perjudica su salud; se cuidará de no cogerlo en la mano, para no caer en la tentación; pronunciará el verbo “fumar” en imperfecto; cambiará de amistades si es necesario… Pero continuará siguiendo el rastro que el humo deje por la calle, si delante va alguien que fuma; o en una cafetería, si en la mesa de al lado alguien fuma mientras lee el periódico.

Una vez lo has probado, no puedes vivir sin tu cigarrillo. El filtro llega a darte igual, lo que importa es que la nicotina siga siendo de la misma calidad y siga dispuesta a exhalarse en tus pulmones y permanecer ahí, cuando la necesitas. Lo que importa es que ninguna crisis haya conseguido dar cierre a la fábrica que producía tu marca única, de la cual estás preso, ya de por vida… Lo que importa realmente es ocuparte los labios y los dedos y darte cuenta de que ese cigarrillo realmente encaja entre tu índice y tu corazón como ningún otro.

El escritor

El escritor se vio envuelto en un calor que nunca habría esperado.

No era su costumbre escribir sobre nada en concreto. Más bien siempre le había gustado escribir banalidades; él lo llamaba “realismo rutinario”. Sus novelas casi se podían llegar a considerar diarios. Es por esto que, en realidad, solo llegó a escribir una saga. Estaba repartida en miles de tomos, dado que las escribía a mano en libretas pequeñitas pequeñitas, con apenas cien carillas.

Hay que admitir que tiene mucho mérito la supervivencia primera de este escritor, dado que no tuvo a lo largo de su vida más trabajo que el de escribir. Sus primeras publicaciones no fueron del todo conocidas en un principio, aunque sí recibieron buenas críticas. A sus profesores les parecía fantástica la prosa de su alumno, que describía con pleno detalle su paso por la vida. Detalles como si le echaba sal o pimienta a la ensalada, si se ponía primero el calcetín derecho o el izquierdo o cómo dudaba al ponerse una camisa blanca o una camiseta negra, estaban descritos con una profundidad que incluso parecían plasmados en el mismo momento de la duda.

Aun siendo la profundidad siempre una constante, la creatividad no abandonó nunca al escritor, lo cual es un hecho particular puesto que la escritura siempre consistía en la descripción de la realidad más cruda, maloliente o sabrosa. En su caso sería imposible decir que el autoplagio o la repetición de estructuras existiese. Cada día estaba descrito de una forma distinta, así como cada día lo vivía de una manera totalmente diferente. Puede que ese fuese el secreto de su éxito. A pesar de que su obra consistiese en lo mismo siempre, la experiencia añadida del día anterior modificaba por completo la experiencia descrita en la última página.

Puede que sea por ello que una gran masa de admiradores lo arropó de forma incondicional cuando decidió dejar la pluma de forma involuntaria. Montones y montones de personas asistieron al funeral.

Pues yo…

– Pues mira, recientemente se ha descubierto que se pueden utilizar restos de conchas como aislante térmico y sonoro. ¿Flipante, verdad?
– Pues yo conozco a un biólogo marino y ha estado trabajando becado. Está ninguneado.
– Nos toca a todos, ya sabes. Y además se ve que también se van a utilizar estos restos para recubrir el interior de los cohetes espaciales, además de la propia arcilla que ya llevan. Están investigando fuerte los rusos con los yanquis. ¡Imagínate!, la Unión Soviética y Estados Unidos juntos por un bien común.
– Pues yo conozco a una persona que está trabajando en la NASA. El tío es un coquito. También se lo curró mucho. ¡Y yo aquí perdiendo el tiempo!
– Pues mira, igual participa en el desarrollo de esa tecnología. El mundo es un pañuelo. Por cierto, ¿has visto los resultados de las becas de investigación? Se ve que al final sí que importa mucho el ala de la paloma que tienes delante…
– Pues yo la he pedido y no me la dieron. Yo creo que hay enchufe. Yo me merecía esa beca, aunque yo tampoco tengo claro qué haría. Yo ni siquiera entiendo… eh, ¿a dónde vas?

La presa. 1

Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacerías seguirán glorificando al cazador. Eduardo Galeano, El libro de los abrazos.

El calor de la carne abierta produce vaho en contacto con el aire frío. El amasijo de músculos, sangrantes y en tensión, arrastra las heridas por el suelo empedrado, haciendo que estas se abran todavía más. El ambiente se carga de un olor férreo insoportable.
Para la presa.
A quien apresa le deleita, le excita, le guía. El olor sanguíneo llega directo al paladar, avanzando lo que será el deleite de la noche.