Querido yo del futuro:

Estos meses has estado pasando por una serie de contratiempos que tal vez te hayan hecho pensar la dirección en la que te estás dirigiendo. Te has cuestionado la futilidad de tus decisiones, así como lo que te pueden deparar.

Que sepas que no ha sido la primera vez y tampoco será la última. Súfrelo todo lo que quieras, porque no es un momento especial y no va a cambiar nada el que creas que necesitas ayuda, apoyo o un oído amigo. Así que regodéate en tu nihilismo empedernido, en tu tristeza y en tus ganas de emborracharte, drogarte o hacer que te metan una paliza. Ingenuo tú. No lo harás, no seas un romántico. Nunca lo haces. Así que eso, sé un nihilista.

Pero madúralo. Destílalo. Vuélvelo tan real que ya no te importe nada en absoluto. Esa es la forma en la que tu nihilismo te hará feliz. Excepto cuando estés escribiendo y no te funcione una tecla del teclado. Eso es terrible.

Pues yo…

– Pues mira, recientemente se ha descubierto que se pueden utilizar restos de conchas como aislante térmico y sonoro. ¿Flipante, verdad?
– Pues yo conozco a un biólogo marino y ha estado trabajando becado. Está ninguneado.
– Nos toca a todos, ya sabes. Y además se ve que también se van a utilizar estos restos para recubrir el interior de los cohetes espaciales, además de la propia arcilla que ya llevan. Están investigando fuerte los rusos con los yanquis. ¡Imagínate!, la Unión Soviética y Estados Unidos juntos por un bien común.
– Pues yo conozco a una persona que está trabajando en la NASA. El tío es un coquito. También se lo curró mucho. ¡Y yo aquí perdiendo el tiempo!
– Pues mira, igual participa en el desarrollo de esa tecnología. El mundo es un pañuelo. Por cierto, ¿has visto los resultados de las becas de investigación? Se ve que al final sí que importa mucho el ala de la paloma que tienes delante…
– Pues yo la he pedido y no me la dieron. Yo creo que hay enchufe. Yo me merecía esa beca, aunque yo tampoco tengo claro qué haría. Yo ni siquiera entiendo… eh, ¿a dónde vas?