Te quiero hacer…

Son muchas las cosas que te quise.
Pero, la que más, fue la que no.

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Tuenti cerró

Mis esfuerzos en olvidarte
solo te remarcan
a hielo seco.
Mi memoria
es muy juguetona.

Y no precisamente
en el buen sentido
del recuerdo.
Aun no desayunándote
te veo tragar el café
por las pupilas.
Tienes los ojos más grandes
que el lobo del cuento.

En ti mi camiseta,
aun desplanchada,
tenía muchos más colores;
los del cielo, el sol y la tierra,
Tus ojos reflejando la satisfacción
de saberte en control:
“Huele a una mezcla de ti
y tu casa.
Raro pero agradable.
Eso…”

Aun siendo tímidas
tus palabras
era yo
el sonrojado.

Como tú, ya nadie va a ser querido.

Mal. Incomprensivamente. Queriendo todo. Quemándonos.
Ya me di todo yo. No quedo.

Y menos mal.

Culpa de la mediocridad impuesta. Obligado a conformarse con algo que en absoluto es suficiente. Con algo que en absoluto se compara a LA intensidad. La… llenitud.
En cambio, estúpido, impuesto el vacío. Da igual el tiempo que pase, la mediocridad que obligue a creer que llena, que es suficiente. No me he dado cuenta de que has desaparecido. Eso es el vacío. No existir. ¿O es porque de hecho me he dado cuenta de que sí lo has hecho?
El vacío obliga a sentir que lo mediocre basta. Se sienten los días… pasar, sin marcar, sin llenar.
Darse cuenta de eso duele.
Duele saberse ingenuo al creer que la asfixia por mediocridad es un modo de vida y no de desaparición. La venda sucia que obliga a uno a creer que es feliz, completo, tan excepcional y único como podría llegar a ser, no está. Saberse incapaz de existir si no es con el apoyo de una sonrisa o una lágrima, duele.
Si se ha de elegir, es preferible no tener que hacerlo en absoluto. Las opciones son pocas. ¿Vivir sabiendo la verdad, una dolorosa, o decidirse por la mediocridad y la estupidez? Una felicidad vacía, al fin y al cabo. Una que no alcanza ni a brillar como lo hacen tus ojos al ver el sol. ¿Elegir? No veo la utilidad.

Tenías razón, sí. Como siempre. ¿Me equivoqué? Eso, sinceramente, no lo tengo tan claro. Ya ves que en mí, la testarudez, no es mediocre.

Tú tienes tus teorías pero… Por qué nos pasó esto? Por qué el rencor, el odio… tan brutos, tan poco refinados, tan poco sabios. Por qué nos olvidamos de querernos, por qué nos quisimos tanto y tan mal, por qué no nos entendimos. Por qué, por qué, por qué.

Deberías amar profesionalmente. Cobrando. Deberías realizar una especie de olimpíadas del amor.

Prosa en fascículos. 4

 

“If you had a friend you knew you’d never see again, what would you say? If you could do one last thing for someone you love, what would it be? Say it, do it, don’t wait. Nothing lasts forever.”

-Es que contigo soy bastante diferente a como he sido con cualquier persona en mi vida. La verdad. Tú estás muy pendiente de mí.
Aunque hay cosas de las que pasas… Y que yo te digo, y pasas de ellas. Y me gustaría que tuvieses en cuenta. Más, al menos.
Cosas que cualquiera que pasa de todo, tendría en cuenta. Tú pasas de ellas. Pero, en términos generales, creo que nadie me ha… cuidado, tanto como tú.
No contando mi madre, vamos. Ni mi abuela.
Creo que nadie se ha molestado en perder tanto el tiempo conmigo.Y en quererme sin nada a cambio. La verdad. Yo te ayudaré, si te ayudo. Pero no me reclamas por mi ayuda.
Eso es nuevo, en mi vida.
-[…]
-Antes me llamaban para pedirme un pantalón. O dinero. O un favor. Lo que fuese.
No.
No eres un remix de nadie.
Haces cosas que a cada persona le recuerdan a otra persona.
Y eso es normal. Pero no eres un remix de nadie.
-[…]
Claro. A eso me refiero, que es nuevo. Tan continuo, además. Porque si es una vez a la semana… O cada dos…
Pero tú no. Por eso se nota más, supongo.

Prosa en fascículos 2. Ella.

-Te amo, niña.
-¿Cómo?
-¿Hasta el infinito no es exagerar?
Mucho,
con los dedos,
con los ojos,
con el olfato,
con los oídos…
Con toda mi piel, mis nervios, mis venas y mis músculos.
Cada uno de los órganos que reciben información de ti se alegran.
-¿?
-¿Qué?
-¿Qué órganos se alegran?
¿Tus dedos, tus ojos…?
-Todos los que pueden recibir información.
Mis ojos, sí,
mis oídos, también.
Toda mi piel.
-¿Tus oídos?
-Mi olfato. Sí.
-Josúsh.
-¿Qué pasa?
-Nada. Que me hace gracia que se alegren tus oídos por recibir ondas procedentes de mi caja torácica.
-Aunque suenes tan aguda, ya ves. A mí también me parece curioso.
-No soy tan aguda. YO te juro, en serio, que me oigo grave.